5.4.08

Análise livro "Nascido Tarde" de Ana Maria Costa por Carlos Alberto Roldán


Ana María Costa: un intento aproximativo

Entré a Amante das Leituras intentando construir un vínculo entre un lugar de lecturas y los poetas de habla portuguesa. No fue el único intento, no sería el último. Ignoraba, por entonces que iba a encontrar buenos amigos, cuya relación se fue dando lenta y delicadamente, como conviene que suceda.
Relacionarse con poetas es todo un acontecimiento. Cada poeta es mucho más que un mundo: una constelación, unas reglas de reorganización de lo real tal vez caprichosas, acaso arbitrarias, siempre deslumbrantes. Un viaje a la poética de alguien es un viaje al fundamento de la luz con que iluminan.
Conocí a Ana María Costa, nos enviamos nuestros libros. Mi Poesíada partía hacia Portugal como un tembloroso embajador, con la misión de presentarme. Con el envío, hubo algún intercambio correcto de e-mails, el casi inevitable acercamiento a sus sites y la lectura de los primeros poemas (lo que se lee en las listas no parece bastar). El poeta Jorge Luis Estrella alguna vez dijo algo así como que "una cosa es conocer algunos poemas y otra, ver desplegada la obra en un libro". Y esa experiencia me faltaba: el correo me trajo "Nascido tarde", el primer poemario solista de nuestra común amiga. Imaginen un mensajero que habla una lengua extraña y con ropajes diversos de los que se estila tocando a sus puertas, que eso es lo que recibí.
Como estuve alguna vez en Brasil, algunos meses, como fui de turista otras tantas (amoríos de joven, más bien), el idioma me parecía permeable, entendible, pero sabemos que poco sirve la lengua de los turistas a la hora de entender un poema. Un poema puede convertir en turista a todo el mundo. Y mucho más a un turista ocasional, aunque éste esté empecinado en leer a Jorge Amado o Guimaraes Rosa en su lengua. Y aunque lea los aportes de una decena de listas de Brasil y Portugal diariamente.
Así, desnudo, Ulises al pie de sí mismo, conoce a Nausicaa. Apenas una playa breve de lo que es… ¿isla? ¿continente? ¿universo? Eso es lo que es el lector ante la obra de un poeta: un náufrago de sí cuya misma construcción está puesta en lo que haga en adelante. Tal la proposición de la poesía, tal arribar a las páginas de Ana desplegada, prieta, suscinta, intensa.
"Ustedes, los poetas", me dijo una amiga, "Me asusta la desnudez con que se entregan". También pienso que la poesía es esa descarnada, terrible desnudez. No hay poeta que no represente el más absoluto de los stripteases. Si seguimos a nuestro Dante en este nuevo descenso, Pessoa, sabemos que se trata de una representación de oficio, no menos dura, pero tal y fingida. Siempre odiaremos a Pessoa por poner luz sobre el fingimiento esencial.
No puedo menos que detenerme en la tapa de Nascido tarde: el reconocible girasol que (me) evoca, a la vez –disculpen si lo piensan como arbitrario- el develamiento del sexo femenino (el pubis) y el nacimiento del sol. Develamiento que nos hace vibrar en el primer caso, nos acerca al gran acontecimiento que es una mujer o que, en el segundo, sugiere el día todo como quehacer, trabajo de la vida, espacio en el que estaremos puestos en juego, o no.
Tengo un problema con la "o" de "nascido". Ana es, a las debidas cuentas, mujer. No varón. Nascido arranca de ella la fuente de creación, y la pone en un otro, un él de todo ser posible (quien dice "Sou várias mulheres sem nomes de todas"… es también, todos los seres humanos), o acaso refiera al libro como hijo gestado cuando los años comenzaban a decirle a la fertilidad su insensatez y destiempo. El discurso de los otros no acepta que uno no resigne a los jóvenes la creación ni el derecho a la procreación.
Imposible no aludir al mundo como espectáculo, como objeto de visión amorosa en Ana María Costa. El mundo se vuelve esplendor, esplendoroso, sucesión de objetos esplendidos. El ojo es a la vez receptor de un mensaje que no se vuelve místico, pero que pone el poema en lugar del aleluya. Así lo manifiesta: el dedo de Dios está detrás de ellos. El poema es esa devolución imposible, de creador a creador. Puro gesto de piedad.
Y también: la poética es registro sensorio, erótico. Notificación del punto y modo de contacto. No se trata del mundo ni del existente, sino de su relación magnífica y continua. El minimalismo es tal vez la respuesta a esta puntualidad innúmera, sostenida. Un continuo sensorio.
¿Y por qué "asas nos olhos"? El mundo no solo es lo que nos rodea, sino un esencial "más allá", incitación y certeza de infinita novedad. Más allá de esto está, por detrás, lo otro, lo nunca visto y tal vez nunca ocurrido. Sí, nada menos que la Utopía. El poeta quiere alas en sus ojos para llegar a ella, y una lengua que no tiene para referirla, instalarla entre quienes lo rodean y escucha. Es por el poeta que ocurre la mañana, cuyo sol emerge lentamente en el horizonte. Sólo un poeta ve el sol que aún no está.
La poemática de Ana María Costa registra un cuerpo. Toda ella es cuerpo a la hora de poetizar. Nunca como ahora podríamos decir que esta obra está escrita "sobre un cuerpo". En realidad leemos lo que el mundo le escribe a la poeta sobre su cuerpo que ya no es solamente piel sino también vísceras.
Roland Barthes hablaba de la función aperitiva de los títulos de las obras. Ahora que he leído la obra de Ana María Costa podría hablar de cómo una obra se instala aperitivamente sobre toda obra ulterior, que ya me pongo a esperarla. A sus lectores sólo nos resta aprestar el cuerpo en lectura, pues tal es el mensaje. También leer es ars erotica…
Carlos Alberto Roldán
01 de abril de 2008

2 comentários:

sandra camurça disse...

Puxa, moça, parabéns!

Beijos

Amaral disse...

Desejo a todos os que tiveram a paciência de me ler ao longo de mais de três anos, um eterno momento de felicidade nas vossas vidas terrenas e que, cedo, entendam no vosso coração o porquê da dádiva que foi experienciarem a Vida desta forma...
Na certeza de que o Deus do vosso entendimento falar-vos-à sempre na voz da vossa consciência!
OBRIGADO!!!
(Amaral Nascimento)

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